Las personas con Inteligencia Límite se caracterizan por tener un Cociente Intelectual situado entre 70 y 85, justo por debajo de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera dentro de la normalidad, ya que la media está entre 85 y 115.

Por ello, estos chicos y chicas presentan un déficit en su capacidad adaptativa, al menos en dos de las siguientes competencias: comunicación, cuidado personal, vida doméstica, habilidades sociales, académicas e interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, trabajo, ocio, salud y seguridad.

Si bien, estos déficits, que deben manifestarse antes de los 18 años, no impiden un buen grado de autonomía en las actividades de la vida diaria.

“Las personas con Inteligencia Límite son tan diferentes entre sí como las que no presentan este tipo de limitación”.

Existen unas características generales que definen a este colectivo, como por ejemplo, que no tienen rasgos físicos aparentes, algo que, a pesar de tener sus ventajas, les hace sentirse incomprendidos por familiares, profesionales o personas con las que establecen relaciones secundarias.

Además, existe un desfase entre su edad cronológica y su edad mental, que se hace más evidente a partir de la adolescencia, les resulta complicado generar mecanismos racionales para la resolver situaciones cotidianas o conflictos, así como tomar decisiones. A esto se le añaden dificultades en psicomotricidad, falta de iniciativa y poca capacidad creativa.