Las personas con Inteligencia Límite se caracterizan por tener un Cociente Intelectual situado entre 70 y 85, justo por debajo de lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera dentro de la normalidad, ya que la media está entre 85 y 115.

Presentan  un déficit en su capacidad adaptativa, al menos en dos de las siguientes competencias: comunicación, cuidado personal, vida doméstica, habilidades sociales, académicas e interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, trabajo, ocio, salud y seguridad.


“Las personas con Inteligencia Límite son tan diferentes entre sí como las que no presentan este tipo de limitación”.

Existen unas características generales que definen a este colectivo, como por ejemplo, que no tienen rasgos físicos aparentes, algo que, a pesar de tener sus ventajas, les hace sentirse incomprendidos por familiares, profesionales o personas con las que establecen relaciones secundarias.

Además, existe un desfase entre su edad cronológica y su edad mental, que se hace más evidente a partir de la adolescencia, les resulta complicado generar mecanismos racionales para la resolver situaciones cotidianas o conflictos, así como tomar decisiones. A esto se le añaden dificultades en psicomotricidad, falta de iniciativa y poca capacidad creativa.